viernes, 16 de diciembre de 2011

Nacimiento de Jesucristo


Mat 1:18  El nacimiento de Jesucristo fue así:  Estando desposada María su madre con José,  antes que se juntasen,  se halló que había concebido del Espíritu Santo.
Mat 1:19  José su marido,  como era justo,  y no quería infamarla,  quiso dejarla secretamente.
Mat 1:20  Y pensando él en esto,  he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo:  José,  hijo de David,  no temas recibir a María tu mujer,  porque lo que en ella es engendrado,  del Espíritu Santo es.
Mat 1:21  Y dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre JESÚS,  porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Mat 1:22  Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta,  cuando dijo:
Mat 1:23  He aquí,  una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
 Y llamarás su nombre Emanuel,
 que traducido es:  Dios con nosotros.
Mat 1:24  Y despertando José del sueño,  hizo como el ángel del Señor le había mandado,  y recibió a su mujer.
Mat 1:25  Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito;  y le puso por nombre JESÚS.

                                              La visita de los Magos



Mat 2:1  Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes,  vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,
Mat 2:2  diciendo:  ¿Dónde está el rey de los judíos,  que ha nacido?  Porque su estrella hemos visto en el oriente,  y venimos a adorarle.
Mat 2:3  Oyendo esto,  el rey Herodes se turbó,  y toda Jerusalén con él.
Mat 2:4  Y convocados todos los principales sacerdotes,  y los escribas del pueblo,  les preguntó dónde había de nacer el Cristo.
Mat 2:5  Ellos le dijeron:  En Belén de Judea;  porque así está escrito por el profeta:
Mat 2:6  Y tú,  Belén,  de la tierra de Judá,
 No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
 Porque de ti saldrá un guiador,
 Que apacentará a mi pueblo Israel.
Mat 2:7  Entonces Herodes,  llamando en secreto a los magos,  indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;
Mat 2:8  y enviándolos a Belén,  dijo:  Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño;  y cuando le halléis,  hacédmelo saber,  para que yo también vaya y le adore.
Mat 2:9  Ellos,  habiendo oído al rey,  se fueron;  y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos,  hasta que llegando,  se detuvo sobre donde estaba el niño.
Mat 2:10  Y al ver la estrella,  se regocijaron con muy grande gozo.
Mat 2:11  Y al entrar en la casa,  vieron al niño con su madre María,  y postrándose,  lo adoraron;  y abriendo sus tesoros,  le ofrecieron presentes:  oro,  incienso y mirra.
Mat 2:12  Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes,  regresaron a su tierra por otro camino.


Violencia contra la mujer en la pareja



La violencia contra la mujer por parte de su pareja o expareja está generalizada en el mundo dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aún siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.
«Es un hecho que en una relación de pareja la interacción entre sus miembros adopta formas agresivas». En todas las relaciones humanas surgen conflictos y en las relaciones de pareja también. Las discusiones, incluso discusiones acaloradas, pueden formar parte de la relación de pareja. En relaciones de pareja conflictivas pueden surgir peleas y llegar a la agresión física entre ambos. Esto, que podría alcanzar cotas de violencia que serían censurables y perseguibles, formaría parte de las dificultades a las que se enfrentan las parejas. El maltrato nada tiene que ver con esto; en el maltrato el agresor siempre es el mismo: «Por definición, el conflicto es una modalidad relacional que implica reciprocidad y es susceptible de provocar un cambio. Por el contrario, el maltrato, aunque adopte las mismas formas –agresiones verbales y físicas-, es unilateral, siempre es la misma persona la que recibe los golpes».
En la pareja el maltrato es mayoritariamente ejercido por él contra ella. Tiene unas causas específicas: los intentos del hombre por dominar a la mujer, la baja estima que determinados hombres tienen de las mujeres; causas que conducen a procurar instaurar una relación de dominio mediante desprecios, amenazas y golpes.
Los rasgos más visibles del maltrato son las palizas y los asesinatos, son los que trascienden del ámbito de la pareja; sin embargo, los maltratos de «baja intensidad», los maltratos psíquicos que mantenidos en el tiempo socavan la autoestima de la mujer, son los que mayoritariamente se dan. Cuando trasciende un caso de maltratos, la mujer puede llevar años sufriéndolos. Y si los maltratos pueden producirse en cualquier etapa de la historia de la pareja, es en el momento de la ruptura y tras esta, si se produce, cuando llegan a exacerbarse.
Es frecuente tratar el tema de los maltratos como casos individuales, los maltratadores sufrirían una suerte de trastornos que les conducirían a maltratar a la mujer y a agredirlas, en su fragilidad, a recibir esos maltratos. Esta sería una visión del problema tranquilizadora que no pondría en cuestión el modelo patriarcal.
El modelo psicopatológico explica la violencia como resultado de conductas desviadas propias de ciertos individuos cuya historia personal está caracterizada por una grave perturbación. Este enfoque, al fin y al cabo tranquilizador, habla de un «otro», un «enfermo» o «delincuente», al que, después de examinarlo, se le puede castigar o tratar médicamente. Desde el punto de vista feminista la violencia masculina se percibe como un mecanismo de control social que mantiene la subordinación de las mujeres respecto de los hombres. La violencia contra las mujeres se deriva de un sistema social cuyos valores y representaciones asignan a la mujer el status de sujeto dominado.